Arqueología sonora de un portentoso naufragio. Gavin Bryars y el Titanic.

Introducirse en la mente de Gavin Bryars, un ejercicio de imaginación de lo que le inspiró para crear su pieza The Sinking of the Titanic. El detonante, la historia y circunstancias de la música que tocó la banda musical Wallace Hartley Band, durante el hundimiento del gigantesco trasatlántico. Ese drama fascinante, icónico, perfecto para su representación en múltiples formatos, supuso para el compositor británico recrear una experiencia sonora única.

Gavin Bryars, nacido en 1943, inició su carrera como contrabajista de jazz, pero pronto se interesó por la composición, en el campo experimental, en particular por el minimalismo, siendo una de sus piezas más representativas “Jesus’ Blood Never Failed Me Yet”, que consiste en la repetición de un fragmento de un discurso de un vagabundo esquizofrénico. Ha incursionado en géneros diversos como el ambient, la música clásica y la música electrónica. Es un compositor prolífico que ha escrito más de 200 obras. Su música ha sido interpretada por algunas de las orquestas y músicos más importantes del mundo.

A los 23 años, en 1969, inició la exploración sonora The Sinking of the Titanic, que presentó como un boceto en una hoja carta, en apoyo a un evento académico. La idea base del significado de la actitud de seguir tocando música durante los momentos más amargos del naufragio, y hasta los momentos mismos del hundimiento, ofrece una poderosa metáfora.

En una entrevista en el número de noviembre de Electronic Sound, Bryars evoca en su exploración de las múltiples posibilidades sonoras y estéticas de la pieza, la decisión de construir una obra abierta, desde que el compositor británico abrazó el proyecto, hasta sus distintas recuperaciones.

El Titanic salió de Southampton, Inglaterra, el 10 de abril de 1912, en su viaje inaugural, con destino a la Ciudad de Nueva York. Cuatro días después, el mega trasatlántico chocó contra un iceberg, al 20 para las doce de la noche, en el Atlántico Norte, y se hundió ¡en menos de 3 horas! De las 2,201 personas a bordo, solo 711 llegarían a Nueva York.

Así terminó el primer viaje en un ambicioso programa de mega trasatlánticos, el Titanic, el Olympic y el Gigantic, por parte de la compañía White Star Line, y de su malhadado dueño, Joseph Bruce Ismay, sobreviviente del naufragio.

Vestigios de un naufragio totémico.

El sexteto de cuerdas, Wallace Hartley Band, dirigido por el violinista, Wallace Hartley, incluidos violinistas, violonchelistas, pianistas y un cornista, tocaba su música en diferentes lugares del barco, durante las horas de navegación, como los salones de primera y segunda clase, el comedor de tripulación, incluso en el puente.

La noche de ese 14 de abril, después de la colisión con el bloque de hielo, el grupo continuó tocando música, mientras el barco se hundía, para ofrecer algún tipo de consuelo y paz a los pasajeros, y la última canción que tocaron fue “Autumn”, un himno episcopal, que se escuchó entre las heladas aguas, hasta que los músicos se hundieron, ahogándose, junto con otras 1,500 personas.

Gran acierto del artista proclamar su trabajo sobre el Titanic como una obra abierta, que revisitaría en varios momentos, después de su creación.

La fuente de inspiración para Bryars fue doble: por un lado, el relato sobre la banda musical, por parte de Harold Bride, el operador de radio junior.

“…desde popa llegaron las melodías de la banda… El barco estaba girando gradualmente sobre su nariz, como un pato que se sumerge para bucear… La banda todavía estaba tocando. Supongo que todos los de la banda se hundieron. Estaban tocando “Autumn” entonces. Nadé con todas mis fuerzas. Supongo que estaba a 150 pies de distancia cuando el Titanic, sobre su nariz, con su cuarto de popa apuntando directamente hacia el aire, comenzó a asentarse lentamente… La forma en que la banda siguió tocando fue algo noble… Lo último que vi de la banda, cuando flotaba en el mar con mi salvavidas puesto, todavía estaba en la cubierta tocando “Autumn”. Cómo lo hicieron, no puedo imaginarme”.

Por el otro lado, el hecho de que el jefe de Bride, un tal Philips, operador senior de la comunicación inalámbrica, siguió enviando señales, a pesar de que el capitán les había instruido poner a salvo sus vidas y abandonar sus puestos.

Ambas situaciones dramáticas dieron a Bryars la sustancia narrativa para investigar y generar un proyecto polifónico, abierto a ser alimentado con eventos y lecturas posteriores.

En la crónica del desastre, que estudió minuciosamente Bryars, late una especie de cántico poli sonoro, de voces, timbres y emociones, como materia prima de su exploración. Estudiar múltiples fuentes y documentos para experimentar con una atrevida profundidad narrativa, se le presentó como un portentoso evento que debía re-crearse.

Este himno episcopal, entonces, se convierte en el elemento principal de la música y está sujeto a una variedad de tratamientos y forma una base sobre la cual se superpone otro material. Aunque concebí la pieza hace muchos años, sigo disfrutando de encontrar nuevas formas de ver el material que contiene y agradezco las oportunidades para verlo de nuevo.

Una construcción sonora abierta.

El propio Bryars explica en su sitio web que todo empezó como un boceto escrito para una exposición en apoyo de estudiantes de arte, asediados en Portsmouth, en 1969. Trabajando como lo hacía y le ha gustado siempre, en un entorno de escuela de arte, estaba vivamente  interesado en ver cuál podría ser el equivalente musical de una obra conceptual, con un contexto de fuertes acentos trágicos. Era apenas un mero planteamiento, aunque sí una lista de rigurosas instrucciones para ejecutar la obra, los sonidos, los tonos, los momentos.

En 1972 elaboró una versión en vivo de la pieza para un acto en el Queen Elizabeth Hall de Londres, a la que siguieron algunas otras presentaciones los siguientes tres años. Para 1975 realizó una versión grabada para el primero de los diez discos producidos para el sello Obscure Records, de Brian Eno.

En abril de 1990 volvió a grabar la pieza “en vivo” en el festival Printemps de Bourges, una versión más larga, en un espacio calificado por el mismo Bryars de extraordinario: una torre de agua en desuso que data del período napoleónico, experiencia enriquecida por los datos, pocos años atrás, divulgados tras el redescubrimiento del naufragio por parte del Dr. Robert Ballard, dispararon la idea de revisitar la música y transmitirle nuevas experiencias y pensar nuevamente sobre la música.

La pieza presentada fue trabajada de su expresión original y se enriqueció con fragmentos de entrevistas con sobrevivientes, señales de código Morse, grabadas en bloques de madera, y el sonido del iceberg al chocar con el barco.

También se incluyen una serie de otras características del desastre que generan material de interpretación musical o sonora, o que “llevan la mente a otras regiones”. El último himno tocado durante esos últimos 5 minutos de vida del barco fue identificado en un relato de Harold Bride, el operador de radio junior.

La presentación incluía también dos ensambles juveniles, uno de ellos de chicas con cuerdas, en el que participaban dos de las hijas de Bryars, así como el Wenhaston Boys Choir. Toda la sección musical tocó desde el sótano de la torre y la audiencia escuchaba desde la base.

Luego de la reedición del disco en 1982 en EG Records y en CD en 1998, publicado por Venture Records y en GB Records en 2015. Una tercera versión se grabó en 2007 en una colaboración con Philip Jeck y Alter Ego.

Todos los materiales utilizados en la pieza se derivan de investigaciones y especulaciones sobre el hundimiento del transatlántico de lujo. El montaje como método de investigación, permitió a Bryars estudiar todos y cada uno de los elementos que estudió e introdujo en su composición.

La base medular, la metáfora de los músicos sumergiéndose, junto con la música, dio a Bryars motivo para especular sobre música que perdura más allá del hundimiento, y la música debajo del agua, y para ello se enfrascó en estudios con un amigo en el departamento de Física de la Universidad de Cardiff.

Los audios rescatados de las grabaciones del diálogo en clave Morse, entre distintas embarcaciones, durante el naufragio del Titanic, de particular relevancia para el trabajo de Bryars, la tuvo en su momento para las operaciones de rescate. Fue la primera vez que se usó el telégrafo inalámbrico, y el propio Guglielmo Marconi participó en las acciones periciales quien, curiosamente, sostenía una idea mística sobre la permanencia fantasmal de los sonidos en el éter.

Este 19 de diciembre habrá una presentación retrospectiva de The Sinking of the Titanic en The Barbarican, en Londres, Inglaterra.

* Imagen tomada de MSK Gent

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